13 marzo 2007

La visita del Coro de Tánger vista desde dentro (II)

El fin de semana que vinieron los del Coro de Tánger, ¡me encantó! Hice muchos amigos nuevos, y además aprendí cosas sobre su cultura, pues conviví con ellos. Me lo pasé muy bien. Visité Lisboa, como hace mucho no la visitaba. Volví a visitar lugares, a los que hace mucho tiempo no iba, y vi mi ciudad con otros ojos. El día en que llegaron, he de reconocer que tenía un poco de vergüenza. Por un lado tenía ganas de hablar con ellos, de ir a preguntarles montones de cosas que me pasaban por la cabeza, pero por otro lado me daba vergüenza. Al final, ese día poco hablé con ellos, exceptuando con Amr, el chico que se hospedó en mi casa. El día siguiente, el viernes, nosotros teníamos colegio, Los pobres se levantaron temprano y vinieron con nosotros, y nosotros, doblemente pobres, no sólo nos levantamos temprano sino que, además, fuimos al colegio. No sée los otros, pero yo no podía dejar de pensar en todas las clases en preguntas que hacerles, en que decirles,... bueno, en ellos (y ellas). Cuando finalmente llegaron al colegio, cantamos, El ensayo coincidió con mi clase de música. Al finalizar el concierto comimos en el colegio, en el comedor. Después de dos horas de espera y de tener la oportunidad de conocerles, nos fuimos al Cervantes, donde tuvimos otro concierto. Y, por la noche, nos fuimos a comer a un restaurante llamado "O Forninho Saloio". Esa noche, no tuve mucha oportunidad de conocer a todos, porque nos separaron por salas, según lo que comíamos, pero conocí a algunos. Eso sí, después de comer, en el rato que salimos a la calle todos para hablar, sí que tuve más oportunidad de conocer a más gente. Al día siguiente, nos volvimos a despertar temprano. Habíamos quedado en la plaza llamada "Praça do Comerço". Ese día sí que me lo pasé bien. Primero, fuimos hasta otra plaza, en la que cogimos unos tranvías. La gente dentro, nos miraba a la vez curiosos por ver a tanta gente joven junta metida en un pequeño tranvía, y a la vez extrañados, al ver que las personas no solo no hablaban portugués, ¡sino que hablaban español y árabe! El tranvía nos dejó cerca del castillo. Una vez dentro, nos dieron cuarenta minutos para visitar el castillo por grupos, que podíamos elegir nosotros. Era difícil enseñarles el castillo entero en cuarenta minutos, pero creo que lo conseguimos. Nunca me había divertido tanto en el castillo, ¡y mira que había ido muchas veces con el colegio y con mi familia! Volvimos a bajar en tranvía, y una vez todos juntos, visitamos el "Elevador de Santa Justa". Entonces nos fuimos a comer a la Trindade, una cervecería muy famosa en Portugal. Allí, después de comer, cantamos todos juntos. Entonces nos separamos. Bueno, no todos, porque algunos fueron a un centro comercial, pero Amr, Francisco, Salman y yo, fuimos con mis padres a visitar más lugares. Primero visitamos el oceanario. A ellos les encantó, y a Francisco y a mí, que tenemos que ir casi todos los años o con el colegio o con familia lejana, bueno, nos sirvió para verlo otra vez, y de diferente forma. Pero aun así nos divertimos. Se hizo tarde en el oceanario, y teníamos que ir después al juego del Sporting, en el estadio de Alvalade. Pero queríamos llevarlos a cenar a un sitio chulo, y que les gustase seguro, así que cenamos en el Hard Rock. Y, finalmente, fuimos al juego del Sporting. Llegamos por los pelos, y la verdad es que nos encantó. Ahora, después de la gran victoria del Sporting, podemos decir que son sportinguistas. El último día fue, como todas las despedidas el más triste. Nos levantamos tempranísimo, como yo creo que nunca me había levantado, y nos fuimos al colegio. Después de muchos besos, abrazos y "hasta prontos", se fueron. Ahora, esperamos ansiosamente Abril, mes en el que volveremos a ver a nuestros amigos en Tánger. Espero que ellos quieran enseñarnos su ciudad, con tanto orgullo como nosotros les enseñamos la nuestra, y que nos reciban con tanto cariño como les recibimos nosotros. Espero también descubrir más cosas sobre su cultura allí, como creo que ellos aprendieron aquí de la nuestra. Y, por último, quiero agradecer a Concha por esta experiencia que nunca olvidaré, en la que no sólo me divertí e hice amigos, sino que aprendí cosas que nunca se podrán enseñar ni en el colegio, ni en los libros.
Alicia Pereira Calvo-Villamañán, Soprano y Pianista (13 años)

No hay comentarios: